“A pesar del tiempo, a pesar de la distancia, te sigues manteniendo viva en mis sueños, pero no preocupes, al final, siempre te quedas con él”
Era maravilloso, de hecho era horrible, no podía ser más horrible aunque quisiera, y lo cierto es que sabía que estaba totalmente equivocado, la situación podía empeorar y mucho. Pero en ese momento no podía pensar en nada más, estabas aquí, en mi cama, desnuda, entre mis brazos; mirándome de nuevo con esos ojos, inyectándome grandes dosis de ternura y adrenalina alternativamente como solo tú sabes hacer. Volví a besarte de nuevo, y volviste a sonreír transportándome antaño donde como siempre todo era más fácil.
No podría recordar aunque quisiera, cuantas veces hicimos el amor, hasta rendidos caer profundamente dormidos. Despertamos un sábado en la mañana, y a pesar del enorme esfuerzo físico, no dormimos tanto como cabría esperar. Me desperté un poco antes, y me quedé allí, embobado, con tu dulce expresión, cuando despertaste me miraste fijamente y sonreíste, y al momento me abalance sobre ti, pero tú te apartaste de un salto y me dijiste:
-¡No tan rápido!, quiero ir a comprar unas cosas.
Así que nos vestimos, y tras un escueto desayuno salimos a la calle. En el transcurso de la mañana, intente no pensar en ciertos detalles, como las veces que intenté cogerte de la mano y tu la rehusabas, hasta que finalmente, tuve que cejar en mi empeño, todo estaba siendo demasiado rápido y surrealista, como para permitirme pensar con claridad y decidí que por vez primera en mi vida, sería recomendable, muy recomendable, pensar con el raciocinio, y no dejarme llevar por el corazón, como siempre en mi dichosa vida suelo hacer. En la tienda, solo tenía que comprar un par de cartuchos de tinta, para una impresora Lexmark x2650, francamente no se porque recuerdo ese detalle, porque si me preguntas, no logro recordar el color de la camiseta que llevaba (aunque sí el de su sujetador, la verdad es que era un sujetador blanco bastante sencillo, nada sexi, acostumbrado a los otros que solía llevar). Cuando el cartucho pasó por la caja, emitiendo ese pitido que indicaba el precio que debíamos pagar por adquirir ese producto, que quedé unos instantes ahí parado, pensando en como había llegado hasta esa situación, hasta que un ¿vienes?, por parte de ella, me hizo salir de mi ensimismamiento y efectivamente, seguirla.
La comida fue de lo más normal, comimos en un telepizza, y no paró de reír durante toda la comida. Solo se puso sería un instante, que fue cuando me acerqué a ella para besarla, y su mirada me hizo comprender, que de momento, “right here, right now”, era terreno vedado. Ella inmediatamente después, se comportó tan normal, a mi me costo sobreponerme, pero intente no pensar en ello, y me auto reprimí, por haberme dejado llevar de forma tan evidente por la pasión en vez de por la razón.
Al llegar a casa, todo fue rapidísimo (bueno no todo). Apenas me dio tiempo a abrir la puerta, y ella se abalanzo sobre mí, besando y acariciando cada rincón de mi cuerpo. Iba a abrir la boca para preguntar que demonios estaba pasando ahí, pero no pude ni soltar la primera silaba, cuando ella dijo:
- Calla, quiero que me folles hasta ponerme los ojos en blanco.
Ni que decir tiene que sobraban más explicaciones. La cogí en volandas, y me la llevé al dormitorio, donde estuvimos prácticamente toda la tarde, bueno ya sabéis, digamos que se quedo “ciega” bastante tiempo. A pesar de todo, en mí como siempre atormentada cabeza, había algo que no marchaba bien, no podía simplemente disfrutar, para variar, tenía que pensar en que había algo. Mis pensamientos, a punto estuvieron de costarnos la cena, por suerte en la cocina, casi cualquier error, se puede reparar con relativa facilidad. Comimos viendo una Alta Fidelidad, que ambos nos sabíamos de memoria, y entre dulces risas, tiernas miradas y calidos abrazos, nos caímos allí mismo, en el sofá.
Al día siguiente, todo fue de mal en peor, o debiera decir de peor en horrible. Cuando me desperté (un poco dolorido por la postura), me la encontré mirando fijamente, aunque fue hasta pasado unos instantes (que por desgracia se quedarán para siempre grabados a fuego en mi memoria, porque parece ser que fueron la chispa que encendió la mecha, que volaría todo por los aires). Alcé mi mano para acariciarla, pero ella se levantó, apartándome de un empujón diciéndome:
- ¡Ahora no!, no me apetece. – debió notar mi cara mezcla de sueño, sorpresa e incredulidad, porque añadió -¿Qué pasa? No me apetece y punto, ¿qué? ¿qué por que tengas ganas de follar, tengo que acceder y punto, como si fuera una puta?
Ni que decir tiene, que me quede sin habla, aun así, mi inepto cerebro, tuvo que dar la orden de abrir mi estúpida boca y creo que dije algo como:
- ee ¿qué? No, eh
- Mira dejalo, me voy a dar una ducha que apesto.
Tras ese comentario, me quede totalmente en fuera de juego. Cuando salió de la ducha, parecía una persona totalmente diferente. Todo fueron gritos, todo fueron enfados. Se dejaba acariciar, pero solo para gritarme más aun (lo cual para ser totalmente sinceros, también era muy familiar). Intente hablar con ella, a que venia ese cambio, a lo cuál respondía cosas como:
-¿Qué cambio?, así es como soy, ya lo sabes.
Cuando termino de recoger las cosas, empezó a salir por la puerta, ni que decir tiene que iba con ella, cosa en la que ella no puso mucho impedimento. En el ascensor, nadie dijo nada, lo que me dio tiempo para maldecirme, porque a pesar de todo, había conseguido llegar a esa situación que me juré evitar, y como era de esperar, tenia el llanto en los ojos, esperando una heroica actuación que lo liberaba, y que si no tenia cuidado, llegaría en breve. Nos montamos en bus urbano, y nada mas verlo, ya sabía donde íbamos, con más razón para ir con ella. Al subir me di cuenta de que no llevaba dinero, a lo cual me giré hacia ella, y tras pedirle que me dejara dinero, con una sonrisa mezcla de, por favor y no me montes una escena, me dio bastante más del que faltaba, jamás llegue a saber, si era en tono despreciativo, o caritativo pensando en que tendría que volver. Ya sabía a donde se dirigía, a la estación de autobuses, así que esta vez, me armé de valor y se lo pregunte directamente.
- ¿Sigues saliendo con él verdad?
Una simple mirada de ella, valió como respuesta. Ahí apareció la heroica acción, sin poder evitarlo, culpándome por ser tan miserable y estúpido, las lágrimas empezaron a hacer carreras por mis mejillas. Como era de esperar ella apenas ni se inmutó. Intenté hablar de otros temas, preguntando por la familia, vamos lo típico, que si aunque realmente si me importaba (levemente), no era mi principal preocupación. En ese punto, cuando sabia que todo estaba perdido, en un acto de derrochada estupidez, le pregunte si me podía dar el móvil, que ya no lo tenía; de paso le pregunté si tenía algo para apuntar. Lo que hizo fue sacar su móvil y dármelo para que me diese un toque, lo cual implicaba que ella aun tenía mi número memorizado. Llegamos a la parada, y seguí hablando sin sentidos con ella, porque esto, porque lo otro, con también gritos por mi parte, sabiendo que estaba jugando a su juego. No sabría decir que estaba más, si triste o rabioso, impotente, por haberme dejado engañar, todo estaba pasando demasiado deprisa y no había nada que pudiese hacer, salvo gritar para descargar mi furia o llorar para calmar mi tristeza, porque hiciese lo que hiciese, solo había una cosa segura ella no volvería.
Camino de la estación, me encontré con su hermana (que al parecer no me reconoció, o bien no quiso hacerlo). En ese punto sabía que todo era inevitable, que todo fue un juego, la familia iba a despedirla a la estación, yo solo fui un… yo solo fui lo que me busque. Ella me pregunto con ese tono de sorna tan característico:
-¿No vas a venir a despedirme?
Y yo, con los ojos anegados en lágrimas, solo pude decir:
-No, mejor que no, me tengo que ir.
Y me fui, sin correr, aunque nada me hubiese gustado más, correr, largarme, irme a donde poder llorar a gusto, a sabiendas de que ningún sitio sería suficiente. Tras unos minutos, de dar tumbos, me armé de valor y me fui corriendo a la estación. Aun siendo un gran conocedor del refrán “buscar una aguja en un pajar”, pero a pesar de todo fui, y contra todo pronóstico la encontré, solo para confirmar, mis sospechas confirmadas, era demasiado tarde, ella estaba allí, al otro lado de la cristalera, de pie con sus maletas y su familia, esperando el autobús que la llevaría a brazos del tipo del que si querría su mano, sus besos y sus caricias.
Cuando me desperté, a pesar de que sabía que solo había sido un sueño, no podía dejar de llorar. Necesitaba desahogarme de algún modo, entender como un maldito sueño podía hacer tanta mella en un espíritu. Por mucho que busqué, no pude encontrar nadie con quien descargarme, con quien liberarme. Así que opte, por la peor de las opciones posibles, pero conocedor de que sería lo único que me liberaría de tal tormento, recaté de manos del tiempo un número de teléfono, y envié un simple mensaje “A pesar del tiempo, a pesar de la distancia, te sigues manteniendo viva en mis sueños, pero no preocupes, al final, siempre te quedas con él” que significaría el comienzo del fin. Tras mandar el mensaje, desperté; y tomé cartas en el asunto.
"Muchos sueños podran ser los más crueles del mundo, pero nos ahorran de cometer los errores más estupidos.."
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