Thomas
Lamentarán el error del año pasado… Esa frase se repetía en la cabeza de la mayoría de los padres fundadores, especialmente de uno. De todos Thomas fue siempre el más… humanitario. Sabían que era una decisión totalmente errónea cuando la votaron y finalmente aceptaron. En su fuero interno Thomas lo sabía con más certeza que nunca, pero no pudo enfrentarse al resto, no sabía que decir, era consciente de que una corazonada no era un hecho irrefutable para detener la votación, y la pena de muerte quedó admitida. Todos observaron entristecidos su muerte en la silla sabiendo que era inocente, pero la ley es la ley.
El fin
Además me voy a chivar a mis padres. Era muy consciente de que esa amenaza jamás llegaría a ser cumplida pero, ¿qué podía hacer? Pedro se encontraba solo, cansado y se había quedado sin argumentos tras estar suplicando durante más de media hora. Efectivamente solo pudo agazaparse y sollozar, cuando él se le acercó sin mostrar ningún atisbo de piedad en sus ojos. Tras enfundarse sus guantes de piel negros, pronunció las últimas palabras que Pedro oiría en vida:
- Lo siento pequeño, hay días en los que realmente odio mi trabajo